Jesús A. Manzaneque

I.E.S. "Isabel Martínez Buendía" - Pedro Muñoz, Ciudad Real, Castilla-La Mancha, España.

miércoles, 1 de enero de 2020

Iconografía Clásica - Pitón, Cupido, Apolo y Dafne


Apolo y la serpiente Pitón
Pedro Pablo RUBENS
1636-37 / Museo del Prado, Madrid





Pitón, Cupido, Apolo y Dafne en las Metamorfosis de Ovidio:

Así pues, cuando la tierra cubierta de barro tras el reciente diluvio se hubo calentado bajo los benéficos rayos del astro celeste, generó numerosas especies de animales, en parte reproduciendo antiguas formas y en parte creando nuevos monstruos. Y seguramente no quiso hacerlo, pero entonces también te generó a ti, enorme Pitón, serpiente hasta entonces desconocida, que sembrabas el terror entre los pueblos recién nacidos, tanto era el espacio que cubría tu cuerpo. Fue el dios arquero, que hasta entonces no había usado sus armas sino con los gamos y las cabras, quien lo exterminó sepultándolo bajo mil flechas, con el carcaj ya casi vacío, haciendo que la sangre manara de sus negras heridas. Y para que el paso del tiempo no pudiera borrar la fama de su hazaña, instituyó los Juegos Píticos, célebre competición que recibe su nombre de la vencida serpiente. Cualquier joven que venciera en ellos con sus manos, sus pies o su carro era premiado con una corona de encina; todavía no existía el laurel, y Febo se ceñía las sienes adornadas de largos cabellos con las hojas de cualquier árbol.
El primer amor de Febo fue Dafne, hija del Peneo, y no nació de la ciega casualidad, sino de la impetuosa ira de Cupido. El dios de Delos, lleno de soberbia por su reciente victoria sobre la serpiente, había visto a Cupido doblar su arco para tensar la cuerda, y le había dicho: «¿Qué haces tú, pequeño insolente, manejando armas tan poderosas? Ésas son armas para que yo las lleve en mis hombros, yo que soy capaz de herir con un tiro certero a las bestias salvajes y a los enemigos, y que hace poco abatí con una lluvia de saetas al hinchado Pitón, que tanta tierra oprimía con su vientre pestilente. Tú confórmate con encender pequeños amores con tu antorcha, y no trates de adjudicarte mis triunfos». A lo que el hijo de Venus le respondió: «Puede que tu arco atraviese todas las cosas, oh Febo, pero el mío te atravesará a ti; y en la misma medida en que los animales son inferiores a los dioses, tu gloria será inferior a la mía». Así dijo, y surcando el aire con un batir de las alas se posó, resuelto, en la umbrosa cumbre del Parnaso, y extrajo de su carcaj dos flechas de efecto contrario: una que pone en fuga al amor, y otra que lo hace nacer. La que crea el amor está hecha de oro y su punta reluce afilada, mientras que la que lo ahuyenta está despuntada y lleva plomo tras el asta. Con ésta fue con la que atravesó el dios a la ninfa peneide, mientras que con la otra hirió a Apolo atravesándole los huesos hasta la médula.
[...]

Apolo y Dafne
Gian Lorenzo BERNINI
1622-25 / Galería Borghese, Roma




Febo está enamorado, y al ver a Dafne desea unirse a ella, y puesto que lo desea lo espera, y le fallan sus propias predicciones. Como arde el frágil rastrojo una vez recogidas las espigas, como se queman muchas veces las mieses cuando algún viajero les acerca demasiado su antorcha o la arroja al despuntar el día, así el dios se consume en las llamas, así se abrasa todo su pecho, y nutre la esperanza de un amor vano. Observa los cabellos que caen en desorden sobre el cuello y piensa: «¡Imagínate, si se los peinara!»; ve sus ojos como estrellas que brillan como el fuego, ve sus labios, y no le basta con verlos; alaba sus dedos, sus manos, sus antebrazos y sus brazos, desnudos casi por entero; lo que queda oculto, lo imagina aún mejor. Ella escapa, más veloz que la leve brisa, y no se detiene ni aun cuando él la llama con estas palabras: «¡Te lo ruego, ninfa, detente, hija de Peneo! No te persigo como enemigo: ¡detente, ninfa! [...] Párate a pensar en quién es el que te desea: yo no soy un montaraz ni un rudo pastor que en estos lugares cuide su ganado y sus rebaños. ¡No sabes, imprudente, no sabes de quién huyes, y por eso precisamente huyes! La región de Delfos, Claros, Ténedos, y el reino de Pátara me honran como a su señor; Júpiter es mi padre. Yo revelo lo que ha sido, es y será; yo hago armonizar los versos y la música. Mis flechas son certeras, sin duda, pero una más certera que las mías me ha herido en el pecho, antes insensible. La medicina es un invento mío, en todo el mundo me llaman sanador, y conozco el poder de las hierbas: y, sin embargo, ¡ay de mí!, no hay hierbas que puedan curar el amor, y las artes que a todos benefician no benefician a su amo». Él querría seguir hablando, pero la hija de Peneo corre temerosa y lo deja con las palabras en la boca. También así parecía hermosa: el viento desnudaba sus miembros, sus ropas temblaban agitadas por la brisa, y un aire suave echaba hacia atrás sus cabellos. La misma huida aumentaba su belleza.
[...]
Pero el perseguidor, impulsado por las alas del amor, es más veloz, y no le da tregua, y ya se pega a su espalda y respira sobre los cabellos que caen sobre su cuello. Ella palidece, ya sin fuerzas, y vencida por el cansancio de la veloz fuga exclama al ver las aguas del Peneo: «¡Ayúdame, padre! ¡Si los ríos tenéis algún poder, haz que, transformándose, desaparezca esta figura por la que he sido demasiado amada!». Apenas ha terminado su ruego cuando un pesado torpor invade sus miembros, una fina corteza recubre su tierno pecho, los cabellos se convierten en hojas y los brazos en ramas; los pies, antes tan veloces, quedan clavados al suelo con perezosas raíces; el rostro desaparece en la copa; todo lo que queda de ella es su brillo. También así Febo la ama: posando su mano sobre el tronco siente palpitar el corazón bajo la nueva corteza, abraza sus ramas como si fueran miembros vivos y besa la madera, pero la madera rehúye sus besos. Y el dios dijo: «Entonces, ya que no puedes ser mi esposa, serás mi árbol. Siempre te llevarán, oh laurel, mi cabello, mi cítara y mi carcaj. Tú estarás cerca de los generales latinos cuando con alegría se celebren sus triunfos y suban al Capitolio los largos cortejos. Allí serás también leal guardián ante las puertas de la morada de Augusto, y guardarás las coronas de encina; y al igual que mi cabeza conserva juvenil su larga cabellera, también tú llevarás siempre el perenne adorno de tus hojas». Así puso fin a sus palabras Peán, y el laurel asintió con las ramas recién formadas, y pareció agitar su copa como si se tratase de la cabeza.






martes, 31 de diciembre de 2019

Iconografía Clásica - Licaón, Júpiter, el diluvio, Decaulión y Pirra


Licaón convertido en lobo por Júpiter
ANÓNIMO
1790-95 / Porcelana de la Real Fábrica del Buen Retiro, Madrid





Licaón, Júpiter, el diluvio, Decaulión y Pirra en las Metamorfosis de Ovidio:

Cuando el padre Saturnio vio todo esto desde lo alto de su fortaleza emitió un gemido, y recordando el sacrílego banquete de la mesa de Licaón (hecho que por ser reciente era aún desconocido), concibió en su corazón una profunda ira, digna de Júpiter, y convocó un concilio. Nada demoró a los convocados.

Hay un camino en las alturas que se ve cuando el cielo está sereno: recibe el nombre de Vía Láctea, y destaca por su misma blancura. Éste es el camino que recorren los dioses para dirigirse a la mansión del gran Tronante, al palacio del rey de los dioses. [...] Así pues, cuando los dioses se hubieron sentado en el marmóreo aposento, el propio Júpiter, desde un lugar encumbrado y apoyándose en su cetro de marfil, sacudió tres y cuatro veces su terrible cabellera, haciendo temblar la tierra, el cielo y las estrellas. Después, indignado, rompió a hablar de esta manera: «Nunca estuve más preocupado por el dominio del mundo. [...] Me veo obligado a destruir a todo el género humano, a lo largo y ancho de toda la tierra que rodea el fragoroso Nereo. Lo juro por los ríos del infierno que fluyen bajo tierra en el bosque estigio: antes lo hemos intentado todo. Pero cuando un miembro del cuerpo no se puede curar, hay que amputarlo con la espada, para que no afecte a la parte sana. [...] A mí mismo, señor del rayo y de todos vosotros, Licaón, cuya crueldad es de todos conocida, me ha tendido sus insidias». Todos se estremecieron, y con el ánimo encendido pedían la muerte del que tanto había osado. [...] Cuando aquél hubo acallado los murmullos con la voz y con un gesto de la mano, todos guardaron silencio. Una vez que el clamor se hubo apagado, reprimido por la autoridad del rey, Júpiter volvió a romper el silencio con estas palabras: «No os preocupéis por eso, aquél ya ha pagado su culpa. No obstante, os explicaré qué maldad cometió y cuál fue mi venganza. La infamia de estos tiempos había llegado a mis oídos; con la esperanza de que no fuera verdad desciendo del Olimpo y, dios con semblanza humana, recorro la tierra. Sería demasiado largo enumerar la cantidad de delitos que encontré por todas partes: la realidad superaba a las infamias que se contaban. [...] Entré en la sede, en la inhóspita morada del tirano de Arcadia, cuando ya el crepúsculo daba paso a la noche. Di señales de que había llegado un dios, por lo que el pueblo empezó a rezar. Entonces, Licaón primero se rió de las devotas oraciones, y luego dijo: “Voy a demostraros con una prueba evidente si éste es un dios o un mortal, y no quedarán dudas sobre la verdad”. Planea darme muerte por la noche, cogiéndome por sorpresa cuando me halle vencido por el sueño (tal es la prueba de la verdad que quiere poner en acto), y, no contento con eso, le corta el cuello con una espada a un rehén que le había enviado el pueblo de los molosos, y mientras cuece una parte de sus miembros todavía palpitantes en agua hirviendo, asa otra parte sobre el fuego. Tan pronto como los puso sobre la mesa, con un rayo vengador hice que la casa se derrumbara sobre aquel lugar digno de su dueño. Éste huye aterrado, y una vez en el silencio de los campos aúlla, e inútilmente intenta hablar; la rabia se refleja en su rostro desde lo más profundo de su ser, el deseo de matar que ya solía demostrar lo dirige ahora hacia los rebaños, y también ahora sigue disfrutando con la sangre. Sus ropas se transforman en pelo, los brazos en patas: se convierte en un lobo. Pero conserva rastros de su antigua forma: tiene el mismo pelo canoso, la misma violencia en el rostro, el mismo brillo en la mirada y la misma ferocidad en su aspecto. Una casa ha caído, pero más de una tenía que haber sido destruida: allá por donde se extiende la tierra reina la feroz Erinis. Se diría que hay una conjura del delito: ¡que reciban todos, pues, al punto el castigo que merecen! ¡Ésa es mi sentencia!».

[...]

Algunos aprueban abiertamente las palabras de Júpiter, alimentando aún más su ira, mientras que otros se limitan a asentir. A todos les duele, sin embargo, la pérdida de la raza humana.

[...]

Depone las armas fabricadas por los Cíclopes y decide aplicar un castigo diferente: exterminar a los mortales bajo las olas, dejando caer un diluvio desde todo el cielo. [...] Y cuando con un amplio gesto de las manos Júpiter comprimió las nubes suspendidas en el aire, sonó un trueno, y los densos nubarrones derramaron su contenido desde el cielo. [...] Pero la ira de Júpiter no se conforma con el cielo, su reino, y Neptuno su azul hermano, le ayuda proporcionándole más agua. [...] El dios, por su parte, sacudió la tierra con su tridente, y ésta tembló, y con la sacudida abrió el camino a las aguas. 

[...]

Y ya no había diferencia entre el mar y la tierra: todo era un océano, un océano sin costas. 

[...]

El océano en su desenfreno sumerge las alturas, y las olas chocan, cosa nunca vista, contra las cumbres de las montañas. A la mayoría se los llevan las olas, y a los que son perdonados por las aguas los doma el largo ayuno por falta de alimentos.

[...]

Deucalión y Pirra después del diluvio
Juan Bautista MARTÍNEZ DEL MAZO
Siglo XVII / Museo del Prado, Madrid





Un escarpado monte, que recibe el nombre de Parnaso, dirige sus dos picos hacia las estrellas, y sus cumbres se elevan por encima de las nubes. Fue aquí, pues el agua había sumergido todo lo demás, donde Deucalión atracó en una pequeña embarcación junto con su compañera de lecho, y allí dirigieron ambos sus oraciones. [...] No hubo hombre mejor ni más amante de la justicia que él, ni mujer más respetuosa con los dioses. Al ver Júpiter que el mundo estaba inundado de cenagosos pantanos, que de todos los miles de hombres que había poco antes sólo quedaba uno, y que de todas las miles de mujeres sólo quedaba una, ambos inocentes y devotos con las divinidades, dispersó las nubes, y apartándolas con el Aquilón, mostró al cielo la tierra y a la tierra el cielo.

[...] 

El mundo había vuelto a ser como antes. Y al ver que estaba desierto y que un profundo silencio reinaba sobre las tierras desoladas, Deucalión, con lágrimas en los ojos, le dijo así a Pirra: «Hermana, esposa, única mujer superviviente, a la que me han unido primero la estirpe común y el origen paterno, luego el matrimonio, y ahora los peligros que ambos corremos: de todas las tierras que se extienden desde el ocaso hasta el amanecer, nosotros somos los únicos habitantes, pues el mar ha engullido a todos los demás. [...] Ahora todo el género mortal se reduce a nosotros dos: así lo han querido los dioses, y somos los únicos supervivientes».

Así habló, y lloraban. Decidieron rezar a los dioses celestes y buscar auxilio en el oráculo sagrado. [...] «Si las oraciones justas ablandan la voluntad de los dioses, si calman la ira divina, dinos, oh Temis, cómo podemos reparar el daño sufrido por nuestra raza, y presta tu ayuda, oh piadosísima, al mundo sumergido». La diosa se conmovió y pronuncio el siguiente oráculo: «Abandonad el templo, cubríos las cabezas y soltaos las ceñidas ropas, y arrojad a vuestra espalda los huesos de la gran madre». Largo rato permanecieron mudos de asombro; luego, Pirra fue la primera en romper el silencio con sus palabras, y se negó a obedecer las órdenes de la diosa, rogándole con voz temblorosa que la perdonara, pues temía ofender el alma de su madre si arrojaba sus huesos. No obstante, siguieron repitiéndose las oscuras palabras del oráculo, de incomprensible ambigüedad, y dándole vueltas en sus cabezas. Por fin, el hijo de Prometeo tranquilizó con suaves palabras a la hija de Epimeteo, diciéndole: «O yo me equivoco, o el oráculo es justo y lo que nos ordena no es ninguna impiedad. La gran madre es la Tierra. Creo que lo que llama huesos son las piedras que están en el cuerpo de la tierra: ésas son las que debemos tirar detrás de nosotros». [...] Se alejaron y cubrieron sus cabezas, desataron sus túnicas y arrojaron las piedras tras sus pasos como les había sido ordenado. Las piedras (¿quién lo creería si no diera fe la antigüedad del testimonio?) empezaron a perder su dureza y su rigidez, a ablandarse lentamente, y blandas ya, a tomar forma. Luego crecieron y su naturaleza se hizo más tierna, de forma que empezaba a verse una figura humana, aunque no del todo exacta, como si estuviese a medio tallar en el mármol, semejante a una estatua apenas esbozada. Pero luego las partes terrosas y humedecidas por algún jugo se convirtieron en cuerpo, lo que era sólido y no se podía doblar se transformó en hueso, y las que antes eran venas conservaron el mismo nombre. Y en poco tiempo, por voluntad de los dioses, las piedras que había arrojado la mano del hombre tomaron la forma de hombres, y las que había arrojado la mujer se convirtieron en mujeres. Por esta razón somos una raza dura, que conoce la fatiga, y damos fe de cuál es nuestro origen.







sábado, 20 de enero de 2018

Mi canal de Historia del Arte en YouTube


Poco a poco voy terminando mis proyectos... ya están prácticamente todos mis materiales de la materia de Historia del Arte (temas, diapositivas de clase, glosario de términos y análisis y comentarios de obras de arte) en mi Web (Historia del Arte v1.0) y en mi nuevo Blog (Historia del Arte v2.0) a disposición de profesores, estudiantes, opositores y de todos los amantes del arte. 

Próximamente el nuevo reto es transformar todo eso en vídeos y "colgarlos" en mi canal de YouTube (Temario de Historia del Arte); hace tiempo hice un experimento con narraciones "enlatadas" pero en los nuevos temas habrá novedades, como que yo mismo sea el narrador en persona.


https://www.youtube.com/playlist?list=PLUERqYdgkkINZK59yAmLIJNpIJxJmgVZI

Pero hay un problema, YouTube ha cambiado su política de monetización y ahora son necesarios 1000 suscriptores y 4000 horas de visualización para poder incluir publicidad en los vídeos.

No es necesario decir que todo esto supone un enorme cantidad de horas de trabajo para el autor y que una pequeña ayuda económica supone un aliciente no pequeño para decidirme a invertirlas.

Vale, es cierto, durante mucho tiempo esto lo hice desinteresadamente, pero los profesores también somos humanos... ¡y me estoy haciendo mayor!

¡¡¡ANÍMATE Y SUSCRÍBETE!!!





domingo, 31 de diciembre de 2017

Feliz 2018

Blanco sobre blanco / Kazimir Malévich / 1918 / Museo de Arte Moderno, Nueva York


lunes, 20 de noviembre de 2017

Presentación de mis apuntes de historia del arte versión 2.0

Presento aquí mi nuevo proyecto, aún en fase inicial y con muchas de sus secciones en proceso de elaboración, aunque espero terminarlo antes del fin de este año 2017.

Mis apuntes de historia del arte en su versión 2.0





Espero que os guste y os sea de utilidad...


Este es el índice de bloques de contenidos y temas:


En cada bloque
apuntes de cada tema, diapositivas de clase, glosario de principales conceptos
y obras de arte para Selectividad/EvAU.


Bloque 1. Introducción a la historia del arte
Glosario de conceptos del bloque de introducción
T-01 Apuntes de Teoría y Función del Arte
Diapositivas de clase 
T-02 Análisis e Interpretación de la Obra Arquitectónica
Diapositivas de clase
T-03 Análisis e Interpretación de la Obra Escultórica
Diapositivas de clase
T-04 Análisis e Interpretación de la Obra Pictórica
Diapositivas de clase

Bloque 2. El arte de las civilizaciones mediterráneas antiguas

T-05 Apuntes de arte prehistórico
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-06 Apuntes de arquitectura egipcia + T-07 Escultura y pintura egipcias
Glosario de arte egipcio + Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad 
T-08 Apuntes de arte mesopotámico + T-09 Arte persa + T-10 Arte ibérico
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 3. El arte clásico
Glosario de arte griego 
Glosario de arte romano 
T-11 Apuntes de arte cretomicénico
Diapositivas de clase
T-12 Apuntes de arquitectura griega
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-13 Apuntes de escultura griega
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-14 Apuntes de pintura griega
Diapositivas de clase
T-15 Apuntes de arte etrusco
Diapositivas de clase
T-16 Apuntes de arquitectura romana
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-17 Apuntes de escultura romana
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-18 Apuntes de pintura romana
Diapositivas de clase
T-19 Apuntes de arte paleocristiano
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-20 Apuntes de arte bizantino
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 4. El arte prerrománico

Imágenes EvAU/Selectividad
T-21 Apuntes de arte visigodo
Diapositivas de clase
T-22 Apuntes de arte carolingio y otoniano
Diapositivas de clase
T-23 Apuntes de arte asturiano
Diapositivas de clase
T-24 Apuntes de arte mozárabe
Diapositivas de clase

Bloque 5. El arte islámico

T-25 Apuntes de arte islámico
Glosario de arte islámico
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 6. El arte románico
Glosario de arte románico 
T-26 Apuntes de arquitectura románica
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-27 Apuntes de escultura románica
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-28 Apuntes de pintura románica
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 7. El arte gótico
Glosario de arte gótico 
T-29 Apuntes de arquitectura gótica
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-30 Apuntes de escultura gótica
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-31 Apuntes de pintura gótica
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 8. El arte del Renacimiento
Glosario de arte renacentista 
T-32 Apuntes de arquitectura renacentista
Diapositivas de arquitectura del Renacimiento en Italia
Diapositivas de arquitectura del Renacimiento en España
Imágenes EvAU/Selectividad
T-33 Apuntes de escultura renacentista
Diapositivas de escultura del Renacimiento en Italia
Diapositivas de escultura del Renacimiento en España 
Imágenes EvAU/Selectividad
T-34 Apuntes de pintura renacentista
Diapositivas de características de la pintura renacentista en Italia
Diapositivas de pintura del Quattrocento en Italia
Diapositivas de pintura del Cinquecento en Italia 
Diapositivas de pintura del Manierismo en Italia 
Diapositivas de pintura del Renacimiento en España 
Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 9. El arte barroco
Glosario de arte barroco 
T-35 Apuntes de arquitectura barroca
Diapositivas de arquitectura barroca en Europa
Diapositivas de arquitectura barroca en España 
Imágenes EvAU/Selectividad
T-36 Apuntes de escultura barroca
Diapositivas de escultura barroca en Europa 
Diapositivas de escultura barroca en España 
Imágenes EvAU/Selectividad
T-37 Apuntes de pintura barroca en Europa
Diapositivas de pintura barroca en Europa + Imágenes EvAU
T-38 Apuntes de pintura barroca en España
Diapositivas de pintura barroca en España
Diapositivas de Diego Velázquez  
Imágenes EvAU/Selectividad

Bloque 10. El arte contemporáneo
Glosario de arte contemporáneo
T-39 Apuntes de Neoclasicismo
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-40 Apuntes de Francisco de Goya
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-41 Apuntes de Romanticismo y Realismo
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-42 Apuntes de Impresionismo, Neoimpresionismo y Postimpresionismo
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-43 Apuntes de las Vanguardias artísticas
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-44 Apuntes de Arquitectura Contemporánea
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-45 Apuntes de Arquitectura de la segunda mitad del siglo XX
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad
T-46 Apuntes de Pintura de la segunda mitad del siglo XX
Diapositivas de clase + Imágenes EvAU/Selectividad



lunes, 27 de julio de 2015

Iconografía Clásica - La Nereida Tetis, Peleo y Aquiles


Peleo violando a Tetis entre Quirón y una Nereida
Ánfora ática de figuras negras 
510 a.C. / Staatliche Antikensammlungen, Munich



Tetis en la Teogonía de Hesíodo:

En cuanto a las hijas de Nereo, viejo del mar [...] la diosa Tetis, de plateados pies, sometida a Peleo, dio a luz a Aquiles, destructor de hombres, furioso como un león


 Tetis y Peleo en las Metamorfosis de Ovidio:

Peleo, casado con la diosa Tetis, se ensoberbece menos de su abuelo que de su suegro, pues muchos son nietos de Júpiter, pero sólo él es esposo de una diosa. Pues a ésta había anunciado Proteo que el hijo que concibiera sería más grande que el padre que lo engendrara, razón por la cual Júpiter, aunque la amaba, no quiso que hubiera algo mayor que él en el mundo y, renunciando a ella, ordenó que lo sucediera en sus amores el nieto de Eaco.
Hay en Tesalia un golfo en forma de hoz que si fuera más profundo sería puerto. El mar llega a sus playas y su costa es sólida y no guarda huellas ni vacila cubierta de algas. Cerca de ella hay una selva de mirtos bicolores y una gruta que no se sabe si fue hecha por el arte o la naturaleza, aunque más parece que aquél fue su autor. Allí solía venir Tetis desnuda, montada en un delfín.
Mientras allí dormía la asaltó Peleo; ella rechazó sus ruegos, pero él la hubiera poseído por fuerza de no ser porque la diosa acudió a sus poderes de asumir diversas figuras. Así, tomaba la de ave, él detenía al ave; la de árbol, al árbol él se pegaba; por fin, la de tigre, aterrado, soltó los brazos Peleo. Entonces éste adora a los dioses del mar, con ofrendas de vino y entrañas de oveja e incienso, hasta que surge de un remolino Proteo y le anuncia que realizará sus deseos si, encontrando a Tetis dormida en su gruta, la ata con lazos tenaces y aunque ella tome innumerables figuras no la suelta sino cuando haya regresado a la propia. Después de hablar así el dios vuelve a sumergirse en sus olas.
Estaba el sol por ponerse cuando la hija de Nereo se dirigió a su lugar usual de descanso. Peleo la rodea entonces con lazos y no la liberta a pesar de que ella cambia apariencias. Por fin, viendo que no puede soltarse, reconoce que el héroe sigue un consejo divino y se da por vencida y se muestra tal como es. Peleo la toma y deja en su vientre al magno Aquiles.

La boda de Peleo y Tetis
Abraham BLOEMAERT
1638 / Mauritshuis, La Haya



Tetis, Peleo y Aquiles en la Biblioteca mitológica de Apolodoro:

Así se casó [Peleo con Tetis] en el Pelión y allí los dioses celebraron la boda con banquetes y cantando. Quirón le regaló a Peleo una lanza de madera de fresno y Posidón los caballos Balio y Janto, que eran inmortales.
Cuando Tetis dio a luz una criatura de Peleo, queriendo hacerla inmortal a escondidas de Peleo, la metía en el fuego por la noche para destruir la parte mortal que tenía procedente de su padre y de día lo ungía con ambrosía. Pero Peleo acechándola y viendo al niño saltar en el fuego pidió ayuda a gritos. Tetis viendo que se le impedía realizar su propósito abandonó al niño que aún no hablaba y se fue con las Nereidas. Entonces Peleo llevó el niño a Quirón, que lo recogió y lo crió con entrañas de leones y jabalíes y con médulas de osos y le dio el nombre de Aquiles, porque no aplicaba sus labios a los pechos; sin embargo su nombre anterior era Ligirón.


Tetis sumerge a Aquiles en las aguas de la laguna Estigia
Peter Paul RUBENS
1630-35 / Museo Boymans Van Beuningen, Róterdam


  
Tetis toma a Aquiles del cuidado de Quirón
Pompeo BATONI
1770 / Museo del Hermitage, San Petersburgo



 
Tetis y Aquiles en el Diccionario de mitología de Pierre Grimal:

Otra leyenda, en fin, afirma que en su infancia Aquiles fue bañado por su madre en las aguas del Éstige, el río infernal. Esta agua tenía la virtud de hacer invulnerables a todos los que en ella se sumergían. Sin embargo el talón por el que Tetis sostenía al niño no fue tocado por el agua milagrosa y quedó vulnerable.
[...]
Tetis advierte a Aquiles del fin que le aguarda: si va a Troya su fama será inmensa, pero breve su vida. Si se queda, en cambio, vivirá muchos años, pero sin gloria. Sin vacilar Aquiles opta por la vida corta y gloriosa. Tal es la tradición homérica.
Pero los poetas posteriores, sobre todo los trágicos, narran esta partida de una manera muy distinta. Dicen que un oráculo había revelado a Peleo (o a Tetis) que Aquiles moriría frente a Troya. Cuando entre los griegos se debatió la cuestión de marchar al Asia contra la ciudad de Príamo Peleo (o Tetis) trató de ocultar al muchacho vistiéndolo de doncella y recluyéndolo en la corte de Licomedes, rey de Esciro, donde compartía la vida de las hijas del monarca. Allí pasó nueve años. Llamábanlo Pirra (es decir, «la rubia») por sus cabellos de un rubio de fuego. Bajo este disfraz se unió a Deidamía, una de las hijas de Licomedes, con la que tuvo un hijo, Neoptólemo, que más adelante debería llamarse Pirro. Pero el disfraz fue inútil para burlar el destino.
Ulises había sabido, por mediación del adivino Calcante, que Troya no podría tomarse sin la intervención de Aquiles. Inmediatamente salió en su busca y acabó por enterarse del lugar de su retiro. Presentóse entonces en la corte de Esciro disfrazado de mercader y, entrando en el aposento de las mujeres, ofreció sus mercancías. Las mujeres escogieron utensilios para bordar y telas, pero Ulises había cuidado de mezclar armas preciosas con estos objetos. A ellas dirigióse inmediatamente la codicia de «Pirra». Muy poco le costó a Ulises persuadir al muchacho de que se descubriese.

Aquiles en Esciro
Fresco anónimo de la "Casa dei Dioscuri" de Pompeya
Siglo I / Museo Arqueológico Nacional de Nápoles



También se dice que, para estimular la manifestación del instinto bélico de Aquiles, Ulises imaginó otra treta: de repente hizo sonar la trompeta en el harén de Licomedes. Mientras las mujeres escapaban asustadas sólo Aquiles permaneció firme, pidiendo armas; tan poderoso era en él el espíritu guerrero. 
Por tanto Tetis y Peleo hubieron de resignarse a lo inevitable y nada contrarió ya la vocación guerrera de Aquiles. 
Al salir de Áulide, donde se hallaba concentrada la flota griega, Tetis dio al héroe una armadura divina, ofrecida antaño por Hefesto a Peleo como regalo de boda. Añadió a ella los caballos que Posidón le había regalado en la misma ocasión. Además, en un último esfuerzo para conjurar el destino, colocó junto a su hijo a una esclava, cuya única misión era impedirle, con sus consejos, que diese muerte a un hijo de Apolo, pues un oráculo había revelado que Aquiles moriría de muerte violenta si mataba a un hijo de Apolo, sin dar más datos sobre él.

Tetis entrega a Aquiles las armadura fabricada por Hefesto
Anton VAN DYCK
1630-32 / Museo de Historia del Arte de Viena













jueves, 18 de junio de 2015

Iconografía Clásica - Anfítrite

  
Neptuno y Anfítrite
Mosaico anónimo 
Siglo I  / Casa de Neptuno y Anfítrite de Herculano



Anfítrite en el Diccionario de mitología de Pierre Grimal:

Anfitrite es la reina del Mar, «La que rodea el mundo». Pertenece al grupo de las hijas de Nereo y Doride, las llamadas Nereidas, y dirige el coro de sus hermanas.
Danzando un día con ellas cerca de la isla de Naxos Posidón la vio y la raptó. Se cuenta también que Posidón la amaba desde hacía mucho tiempo, pero que por pudor la joven lo rechazó y se ocultó en las profundidades del Océano, más allá de las Columnas de Hércules. Descubierta por los Delfines fue conducida por éstos, en medio de un solemne cortejo, a Posidón, quien la hizo su esposa.
Desempeñaba junto al dios del mar el mismo papel que Hera junto a Zeus y que Perséfone cerca del dios de los muertos.
Se la solía representar rodeada de un numeroso séquito de divinidades marinas.

El Triunfo de Anfítrite
Hughes TARAVAL 
1780  / Mead Art Museum, Amherst, Massachusetts








miércoles, 17 de junio de 2015

Iconografía Clásica - Galatea, Acis y Polifemo

  
La Galatea
RAFAEL Sanzio
1511 / Fresco de la Villa Farnesina, Roma



La Nereida Galatea en las Metamorfosis de Ovidio:

Escila está a la derecha y Caribdis a la izquierda; ésta absorbe y vomita las naves; aquélla tiene el vientre ceñido de perros y conserva el rostro de la virgen que, según los vates, fue alguna vez. Muchos la pretendían y ella, tras despreciarlos, iba a narrar sus amores a las ninfas del mar, a las cuales era muy grata. Mientras peina a Galatea, ésta le habla:
A Escila la desean hombres cultos a los cuales puede negarse impunemente; a ella, hija de Nereo y Doris y guardada por muchas hermanas, sólo con luto le fue posible evitar el amor del Cíclope. Y las lágrimas le impiden seguir; luego de secárselas con la mano Escila le suplica que le cuente el motivo de su dolor y la Nereida la complace.
Acis era el hijo y la alegría de sus padres, Fauno y la ninfa Simétida, y era el deleite de Galatea, la única a quien se había unido; tenía dieciséis años y la barba comenzaba apenas a nacerle a Acis. A Galatea buscaba de continuo el Cíclope y ella no podría decir si era mayor su amor por aquél o su odio por éste.
¡Qué grande es el poder de Venus! Polifemo, terrible incluso a las selvas, por nadie visto sin daño, despreciador del Olimpo y los dioses, sintió el amor y ardió de deseos olvidando sus rebaños y su morada. Y ya se preocupa por su arreglo y procura complacer y peina sus crines con rastros y se corta la barba con una hoz y compone su rostro viéndolo en el agua. Cesan sus impulsos sangrientos y van y vienen a salvo las naves.
[…]
Los amores de Acis y Galatea
Alexandre Charles GUILLEMOT
1827 / Colección privada



Una elevada lengua de tierra se extiende en el mar; el Cíclope se sienta en medio, a donde lo siguen sus rebaños sin pastor. Después que deja a sus pies su cayado, un pino grande como un mástil, toma la zampoña de cien cañas y los montes y el mar oyen sus silbos. Los escucha también Galatea, recostada con su Acis por allí cerca, y recuerda sus palabras.
Galatea es más blanca que el ligustro, más florida que el prado, más alta que el aliso, más brillante que el vidrio, más alegre que el cabrito, más lisa que las conchas pulidas por el mar; más noble que las manzanas, más insigne que el plátano, más clara que el hielo, más dulce que las uvas, blanda más que plumas de cisne o leche cuajada y, si no le huyera, fuera más hermosa que el jardín regado.
[…]
Él tiene un solo ojo, grande como un escudo, en medio de la frente. ¿Y qué? El Sol, con un ojo único, ve desde el cielo todas las cosas. Además, su padre, al cual le ofrece por suegro, reina en los mares. Que Galatea se apiade y oiga sus ruegos, pues a ella sola se rinde y venera, él que desprecia a Júpiter, al cielo y al rayo, que le es menos cruel que la que ama. Y todo lo sufriría si ella evitara a todos; ¿pero por qué si lo rechaza a él ama y abraza a Acis? Que éste plazca a sí mismo y a ella; pero que se le dé la ocasión y el Cíclope le hará sentir su fuerza, proporcionada a su tamaño, lo desgarrará y esparcirá sus pedazos en tierras y olas. Se quema Polifemo en llamas crecientes y percibe dentro de sí los poderes del Etna. Y Galatea no se conmueve.
Calla el Cíclope y la ninfa ve cómo, tras lamentarse, se levanta y yerra como el toro a quien se quitó la vaca; feroz, los mira a ella y a Acis, exclama colérico que ése será su último encuentro de amor y grita como sólo él puede gritar y hace erizarse al Etna. Se mete en el mar Galatea y Acis, huyendo, pide ayuda de ella y de sus padres. El Cíclope lo sigue, le arroja un peñasco del monte, con uno de cuyos extremos lo sepulta.
Entonces la Nereida hace lo que está en su poder: que él tome las fuerzas de su abuelo. La sangre que manaba bajo la peña comienza a perder su color purpúreo y toma poco a poco el del agua clara; se abre la peña y surge el arundo por sus grietas, y luego agua saltante. Milagrosamente se levanta de pronto, descubierto hasta el vientre, un joven con los cuernos adornados de cañas, quien, mayor y de color azul, es Acis convertido en río y con su mismo nombre.


Polifemo y Galatea
ANÍBAL CARRACCI
1605 / Fresco del Palacio Farnesio, Roma










martes, 16 de junio de 2015

Iconografía Cristiana - La profecía de Simeón


Simeón recibe a Jesús en el Templo
REMBRANDT van Rijn
1631 / Royal Picture Gallery Mauritshuis, The Hague, Países Bajos



Fuente iconográfica:
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel». 
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». 


Lucas 2, 25-35


Iconografía Cristiana - Creación de todos los seres vivientes


El Jardín del Edén con la caída del hombre
Peter Paul RUBENS y Jan BRUEGHEL EL VIEJO
1617 / Royal Picture Gallery Mauritshuis, The Hague, Países Bajos



Fuente iconográfica:

Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie». Y así sucedió.

Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo».

Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió.

Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Génesis 1, 24-31





lunes, 15 de junio de 2015

Iconografía Clásica - Nereidas

  
Nereida sobre un caballito de mar
Pintura mural anónima de la Villa d'Arianna de Pompeya
Siglo I / Museo archeologico nazionale di Napoli



Las Nereidas en la Teogonía de Hesíodo:

Adorables y divinas hijas nacieron en el Ponto estéril de Nereo y Doris, de hermosos cabellos, hija del Océano, río perfecto: Ploto, Eucranta, Sao, Anfítrite, Eudora, Tetis, Galena, Glauca, Cimótoa, Espeo, Toa, la amable Halía, Pasítea, Érato, Eunice de rosados brazos, la graciosa Mélite, Eulímene, Ágave, Doto, Proto, Ferusa, Dinámene, Nesea, Actea, Protomedea, Doris, Pánope, la hermosa Galatea, la encantadora Hipótoa, Hipónoe de rosados brazos,Cimódoca que calma sin esfuerzo el oleaje en el sombrío ponto y las ráfagas de los vientos huracanados junto con Cimatolega y Anfítitre de bellos tobillos, Cimo, Égone, Halimeda de bella corona, la risueña Glaucónoma, Pontoporea, Leágora, Evágora, Laomedea, Polínoe, Autónoe, Lisiánasa, Evarna de encantadora figura y belleza sin tacha, Psámata de gracioso porte, la divina Menipa, Neso, Eupompa, Temisto, Prónoe y Nemertes que tiene la inteligencia de su inmortal padre. Estas cincuenta hijas nacieron del intachable Nereo, expertas en obras intachables. 

Las Nereidas en el Diccionario de mitología de Pierre Grimal:

Las Nereidas son divinidades marinas, hijas de Nereo y Dóride y nietas de Océano. Tal vez personifican las olas innúmeras del mar. Generalmente son cincuenta, pero a veces su número se eleva hasta ciento.
[...]
Estas Nereidas, en general, no desempeñan individualmente ningún papel en las leyendas; sin embargo, algunas tienen una personalidad más relevante que sus hermanas. Así, en primer lugar, Tetis, madre de Aquiles, luego Anfítrite, esposa de Posidón, Galatea, Oritía, que, más generalmente, pasa por ser hija del rey de Atenas Erecteo. 
Creíase que las Nereidas vivían en el fondo del mar, en el palacio de su padre, sentadas en tronos de oro. Todas eran bellísimas. Pasaban el tiempo hilando, tejiendo y cantando. Los poetas se las imaginaban también meciéndose en las olas, con los cabellos al viento, nadando entre tritones y delfines. 
Por lo general intervienen en las leyendas en calidad de espectadoras, raras veces como actrices. Lloran, con su hermana Tetis, la muerte de Aquiles y la de Patroclo. Indican a Herac1es cómo logrará de Nereo la información precisa sobre el camino del país de las Hespérides. Se hallan presentes cuando Perseo libera a Andrómeda, etcétera.

Nereidas
Gaston BUSSIÈRE
1927 / Colección privada











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